Ingredientes
1 pollo en
trozos no muy grandes y parejos (2 kg)
1 buena cabeza
de ajos
Aceite de oliva
virgen
1/2 cucharada
de harina
250 ml de vino blanco
Agua o caldo de
pollo
Sal
Elaboración
Cortamos el pollo en trozos medianos/pequeños,
salamos y reservamos.
Cubrimos de aceite la base sartén
o una cazuela baja y amplia.
Cogemos la mitad de los dientes
de ajos, les hacemos un corte por la mitad sin separar las dos partes y
añadimos a la sartén. Freímos a fuego bajo para aromatizar el aceite. Cuando
empiecen a estar dorados, retiramos y reservamos.
Mientras se aromatiza el aceite,
cortamos el resto de dientes de ajos en brunoise (trozos pequeños), reservamos.
Echamos el pollo a la sartén en tandas
pequeñas y freímos a fuego medio/alto, dando vueltas al pollo para que se dore
bien.
Cuando esté dorado, retiramos el
pollo a medida que esté dorado, y volvemos a echar a la sartén el resto del pollo.
Cuando esté todo el pollo frito, bajamos
el fuego de la sartén y añadimos el ajo cortado en brunoise. Sofreímos hasta
que empiece a dorar.
Echamos la harina, tostamos hasta
que coja color, removiendo y añadimos el 50 ml de vino. Damos unas vueltas dejamos
reducir hasta que empiece a espesar.
Añadimos el pollo, y a
continuación el resto del vino, dejamos evaporar el alcohol.
Cubrimos con el agua, añadimos
los ajos enteros que habíamos reservado y dejamos cocer suavemente durante 30-40
minutos o hasta que el pollo esté tierno y la salsa espesa.
P.D.Si lo deseas puedes quitar toda
la piel al pollo

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